Advertencia

Fuego. Explosión de fuego. Destrucción expresada en incendios. Términos de fuego interno. El cataclismo de la crematoria de cuerpos es fuego. La ciudad en llamas es fuego. La fogata extendida es fuego. El infierno está frío. Aquí está el fuego: Llamaradas de atención al cielo que se nubla; como indios con señales de humo; como dioses clamando más dioses.
Fuego. Nada más que fuego. Fuego externo: mírate dentro. Implosión de FUEGO.

sigues siendo imprescindible en las transformaciones que suceden en la galaxia entera.

Ardamos

domingo, 2 de mayo de 2010

Un recuerdo

(es larguito, pero por si os apetece leer...)


Tengo un recuerdo nebuloso que se asemeja a la muerte sin miedo, a la vida sonreída. Lo comparto contigo sin poder saber si eres un mundo, un sueño, una mirada o un fantasma que vive para morir.

“Todos los días son la repetición de una pesadilla, si es que la locura tiene algo de sueño. Camino las calles grises y transitadas de Madrid y mis pies se hieren con mi propio pensamiento: soy el niño con la voluntad para abrazar el tiempo, el niño inocente y lleno de nervio capaz de hacerle el amor a alguna de esas prostitutas que corresponden mi mirar triste; soy humano, pero puedo recorrer las almas a través de la mirada...”

Ah...pequeño niño enfermo, ¿acaso no ves que tu pensamiento es conciliador y hermoso como la naturaleza, acaso no sabes que esa gran madre también trae terremotos y huracanes?

“Escribo en mi cuaderno de frases: ´Soy un huracán, pero dentro de un volcán en erupción´.
Me doy cuenta de que la noche ha llegado. No sé cuántos días han pasado desde que salí de casa, no sé cuántas noches andando por estas calles, con esta mochila que guarda un cuaderno y un libro. No sé cuánto tabaco me queda, ni cuánto papel ni cuántos porros. Pero seguiré andando. En busca de la bondad más absoluta, en busca de una paz sin precedente”.

Niño...¿qué haces con tu cuerpo, qué haces con tu calma? Eres el niño que da los pasos del león en un desierto vacío de amor. Allí donde buscas bondad no hay nada, y a tantísima nada tu le regalas una inmensa soledad y una inmensa nube de humo. ¿Dónde está la gente que te quiere?

“Maldita sea. Qué frío tengo. Necesito moverme, seguir andando. A alguien tengo que encontrar. ¿Dónde está mi teléfono? ¿Me habrán llamado?
Descansaré un rato, fumaré algo y caminaré otro poco. Cuando llegue el amanecer volveré a casa”.

Pequeño...llevas más de una semana sin ver a tu gente. Hablaste con ellos hace un rato. Les estás esperando. Tu no sabes cómo ni por qué estás ahí. Esperando amor del mundo sin saber que el amor lo tienes en tus pequeños muros y en los breves paisajes de tus días -aparentemente aburridos. No fumes más. No pienses que te van a herir esos rostros conocidos.
Y ahora, ¿qué haces hablando con esos dos extraños? ¿No ves que están fuera de sí? No huyas, ya te van a recoger. No te enfrentes con esos dos enfermos drogados. Les has asustado: tu locura les ha espantado. Cálmate...ya estás en el coche.

“Ah...por fin en una cama. Ya puedo soñar tranquilo, mañana me espera un buen día en la montaña.

Qué bien he dormido, las heridas de mis pies ya han podido descansar. Pero..., ¿qué hace toda mi familia en mi cuarto? Bah...me daré una ducha y me podré ir a caminar tranquilo.
¡¡¡Noooo...soltadme, soltadme!!! ¡¡¡No quiero entrar al coche!!! ¡¡¡Hijos de puta!!! ¿¡¿¡Dónde me lleváis!?!?!?”.

- Así que dicen que últimamente habla mucho y tiene pensamientos extraños -dice el psiquiatra. Dirige su mirada hacia mi. ¿Qué crees que te pasa?

- ¡¡¡No me pasa nada!!! -respondo. Quiero irme de aquí. Estoy perfectamente, estoy escribiendo mucho y es lo mejor que he escrito jamás. Dejadme en paz. Estoy bien.

- Mira: tienes dos opciones -dice firmemente el psiquiatra-, o te pinchamos a la fuerza para que te calmes y te quedes aquí o lo hacemos con tu colaboración.

Estos ojos vieron el rostro de nuestro hermano que se difuminaba lentamente...Y la boca que repetía palabras que se convertían en susurro.

“Ay...mi cabeza, qué sueño tan extraño. ¿Dónde estoy? ¿Qué habitación es esta? Qué hambre tengo...”.

Y tras aquel largo pasillo entré en un pequeño salón donde pude ver a gente desconocida, los cuales después un tiempo se convertirían en grandes amigos de penas y soledades mientras mi adicción y mi locura se calmaban muy poco a poco.

Al salir de allí mi vida volvió a nacer y desde aquí, años después, te abrazo y te pido perdón, pequeño niño por haberte dejado tan tan solo. No volverás a andar sin el amor que yo te tengo, porque yo sin ti (libre y joven espíritu) no soy más que carne y vacío pensamiento sin deseo.

6 comentarios:

Diego dijo...

Realmente inquietante, parece como si en el fondo, todo fuese una busqueda de nada, pero en esa explosión que motiva el dar el paso, te encuentras con que has retrocedido dos, para acabar donde empezaste.

Me mola, además se lee bastante fluido :)

J.Gomis López dijo...

Joe...ni yo hubiera sabido describirlo mejor aún habiéndolo escrito. Me ilusiona que os haya llegado! Un abrazo medulero!!!

Lucrecia dijo...

Atmósfera conseguida.
Creo que has dado en la clave de algo muy importante para ser feliz y capaz de cuidarse a uno mismo: cuida a tu niño siempre y no le dejes solo. No te hagas nada que no le harías a él.
Gracias por esta historia.

Lamuen Zomelli dijo...

Pues, te iba a escribir que me fue difícil seguir el texto, pero lo he vuelto a releer y acabo de entenderlo perfectamente, y perfectamente rectifico en mi comentario: muy buena idea.
a ver que os parece este otro minirelato, venido directamente de mi blog: ylaluz.blospot.com ( es el último texto subido)

Gabriel dijo...

Ya te lo dije ayer Javi, realmente me emocioné bastante... todo ser humano es nuestro espejo y en él se reflejan todas nuestras caras.Gran recuerdo posees,una gran amiga me dijo una vez: a todas esas experiencias que nos hacen evolucionar, crecer, ser más fuertes al final, a eso le llaman " mala suerte " . :)

Anónimo dijo...

Soy miguel... No tengo nada que decirte, casi lloro, no podría habérmelo explicado tan bien ni yo a mí mismo tío... Aunque siempre habrá sensaciones que nadie podrá explicarme.