Advertencia

Fuego. Explosión de fuego. Destrucción expresada en incendios. Términos de fuego interno. El cataclismo de la crematoria de cuerpos es fuego. La ciudad en llamas es fuego. La fogata extendida es fuego. El infierno está frío. Aquí está el fuego: Llamaradas de atención al cielo que se nubla; como indios con señales de humo; como dioses clamando más dioses.
Fuego. Nada más que fuego. Fuego externo: mírate dentro. Implosión de FUEGO.

sigues siendo imprescindible en las transformaciones que suceden en la galaxia entera.

Ardamos

jueves, 10 de junio de 2010

Nace de...

(cuadro de Janne Saville)

Vine del mundo, del terrestre universo/
el espeso mar de un feto...
Hoy nace de mí: salvaguardar
el aire bailando las hojas y el vuelo desafiante
para regalar cada pulmón vivaz
al poema,
desde la sonrisa hasta la sangre.

Aahh...dicen dicen...
A mi poema desvivido
le sobra muerte,
a mi poema desvivido
le faltan versos
¿se los llevó la muerte o la pereza?
¿me los robaste o me los arranqué de cuajo
para no saber de ellos más,
como si fueran las miradas del maldito metro?

¡Ahhh...maldita muerte lúcida!
¿Desde cuándo
rescatas al mundo del error de haber nacido?
¿Desde cuándo
te pusieron el nombre de dios
para que el nacer fuera el mayor de los errores?

Bien...yo no sé la fecha, pero es hoy:
te regalo el desafío,
yo me quedo y tu también
y en lugar de ser esclavos de la rabia
seremos hermanos de saliva,
la saliva que sellan mis palabras
y la saliva de tu sangre ennegrecida
la que manda los adioses...

Así cuando mire al mundo
el asco, el miedo, el odio
serán caricias tuyas
y cuando tu me veas amar a otra que no seas tu
/pequeña tánatos/
acoge a mi beso
como si fuera el veredicto de mi vida...

Es lo que nace de mi: hablar contigo
y morir, morir, morir
como se mueren las miradas:
regalando el destello
de las palabras indecibles...

miércoles, 9 de junio de 2010

Ramón y el quince. Pequeños paréntesis en una vida de cercanías.

Suena de fondo:

Proxima parada: Atocha.

Saca del paquete de tabaco un canuto y se lo enciende nada más salir al andén, de manera discreta se lo oculta entre las manos para que todos los pasajeros que tiene alrrededor no se percaten de lo que va a empezar a fumarse, lentamente, mientras se dirige al hospital Niño Jesus, donde su hijo de cinco años ingreso hace quince dias. Aún no saben los médicos el diagnóstico, por lo visto tienen que medicarle via oral varias veces al dia, las venas de las manos no dan más de si.

El papeleo del paro le estaba sacando de quicio, apenas tiene para comprar tabaco y una china de cinco euros; diecisiete euros, cuarenta céntimos, un día. Relax, necesitaba pensar como podía hacer para el próximo mes cobrar el subsidio, quince años cotizando, el tiempo sacude su cabeza tras la quinta calada, aún queda un rato para que su hijo acabe de comer, ya no son las 15:00 de la tarde, fue ayer.

Cuando recuerda a su mujer el pecho se le estremece, sabe perfectamente que ya no le quiere, vive lejos de él desde hace más de un año, casi cinco meses más, pero su hija ya va a cumplir catorce años... supone que estará junto a su madre y a la madre de su madre en el la habitación numero diecisieta, la última vez le contó que salió con sus amigas, está en edad de dejar de ser niña. Silencio.

Apura las últimas caladas, espera que al llegar a Villalba se encuentre algún amigo que le pueda dar un poco de marihuana, mañana va a ser un dia largo y el trayecto se puede hacer pesado. En la estación de Villalba pidió un cigarro a un chaval al que seguramente le saque quince años; ahora tiene treinta y cuantro, el més que viene treinta y cinco. No hay tiempo para ver las noticias.

Al salir de la estación saca del paquete de tabaco ahora un poco más arrugado que hace quince minutos el cigarro que le habían dado antes, estaba a la mitad, suficiente para subir todo recto al hospital.

Que aproveche, es la hora de comer.


martes, 8 de junio de 2010

Cadáver.Exquisito.: Pantomima

En lo clausurado de una habitación, junto con su respectiva cama sin hacer como su madre solía repetir, su mesa abarrotada de elementos funcionalmente inútiles, su armario enseñando sus entrañas, su ropa interior haciendo de alfombra y su frío ordenador soportando las calenturas de llevar encendido una eternidad( 24 horas extensas más lo que tarde en descargarse la película porno o de cine mudo), consigue sobrevivir un joven que ronda los 18 años luz( por favor, iluminación en su cuarto). Éste tiene amigos y ha quedado con ellos. En el Chat. Ahora chatea, y ahora también. Y sigue chateando hasta que alguien le chatea extravagantemente:

(Miren los comentarios y continuad leyendo la historia)

Mares agitados

(este lo he sacado de mi baúl)
Martín y Nuria se encontraban en aquella tranquilidad, serenos, con dos balas en la pistola y los dos únicos ingratos que quedaban en pie a unos metros. Gozaban del único atisbo de felicidad después de tanto tiempo, tras el ajetreo de una noche de venganza repetida. Fijaban su mirada al mar y a la renovada aurora.


Martín amaneció aquel jueves, calculador, con el único fin de la justicia ante la traición sufrida. Como cada día, preparó el desayuno e innumerables medicinas para Nuria, su único motivo de felicidad y dulzura, que le miraba a cada jornada más débil por la enfermedad.

Cerró la puerta de casa a conciencia y salió solo, con su pistola cargada y munición de reserva. Ella esperaría a las 15: 00 en su habitual punto de encuentro.
Martín se dirigió al banco en el que había desmantelado incontables intentos de atraco. Sosegado, se dirigió a la trabajadora de la entidad bancaria y sacó su pistola sin que nadie se percatara. A los diez minutos, su primer punto del plan estaba cumplido: una bolsa de dinero para conseguir un coche. Ya con el coche en su poder, recorrió el camino hacia antiguos amigos de la comisaria: sus enemigos de entonces, que tras la muerte del sargento (el único y verdadero amigo que tuvo Martín), arruinaron su vida, por ser el competente para el alto cargo de policía. Como consecuencia no pudo proporcionar a Nuria la medicación necesaria. La única solución para Martín fue comenzar a aplicar la justicia en solitario –y a cualquier precio-, no para su supervivencia, sino para la de ella.

Una vez allí, sacó su pistola en el callejón a la salida de comisaría, y fríamente, las balas entraron en el cráneo de cada uno de los traidores. El trabajo fácil se cumplió a la perfección.

A las 15:00 compró rosas blancas –las preferidas de ella- y se las entregó en cuanto llegó. Tras gozar de una tarde de paz mutua la noche cayó sobre sus espaldas. Llegó el momento de completar la venganza: cuatro de los directos culpables de su sufrimiento seguían vivos, y debían morir por ello. “ Es justicia, no odio”, decía él siempre.
Se aproximaron a la costa, donde vivían los traidores. A dos de ellos los encontraron antes de llegar allí. Ella se quedó cerca del coche, sentada, oliendo las rosas. Mientras, Martín cumplió con la justicia: dos balas menos, dos corruptos cuerpos más ensangrentados. Ya sólo quedaban dos balas.

Martín, Andrés y Héctor, inseparables desde la infancia; <>, pensaba Martín. Pero desde la muerte del sargento, el espíritu de los dos camaradas sucumbió ante el hambre de poder, olvidándose de la amistad.
- Ahí están –dijo Martín desde el interior de su vehículo.
Fijaron su vista en el coche de sus antiguos amigos: negro de gama alta, con cristales tintados, aparcado en la playa. Él agarró su pistola y las dos balas que quedaban.
- Espérame fuera –le dijo a ella.

Se dirigió hacia ellos, situados de pie, sobre lo alto de una duna de la playa, como esperando inevitablemente su destino.

- Estas dos balas os pertenecen. No esperéis mi perdón nunca. No podréis curaros jamás de la culpa que lleváis dentro, seréis unos fantasmas como el resto del mundo–les dijo fría y gravemente Martín.

Cargó la pistola, se dirigió hacia Nuria y con tranquilidad y serenidad observaron las olas. Con la mirada él le dijo que se resignaba a ser un fantasma, que sin ella no gozaría más de ése atisbo de felicidad que en aquel momento sintieron, como tantas otras veces. Nuria le comprendió, sonrieron inocentes como niños y se besaron.
Entonces, el estruendo de dos balas retumbó sobre los corazones encogidos y olvidados de Andrés y Héctor.

lunes, 7 de junio de 2010

Ladrido de tinta.

Hacía un calor bochornoso y el cuaderno estaba en blanco.

Quizá no fuera el momento más apropiado ni el lugar más cómodo, pero el suelo de la cocina era un lugar perfecto para echarse una siesta tardía, demasiado tardía. Eran las 2:00 de la mañana, el reloj acababa de dar la hora y te despertó de tu letargo."Mine eyes are dim, I cannot clearly see, Mine eyes are dim, I cannot clearly see", repetían las palabras en tu cabeza. Quizá el tiempo no sea una linea recta, sino un círculo.

Fuiste hacia la nevera y cogiste la primera lata que se puso al alcance de tu mano. No sabías que estabas bebiendo, tampoco importaba,"Mine eyes are dim, I cannot clearly see, Mine eyes are dim, I cannot clearly see" repetian las palabras en tu cabeza. Caminaste a paso acelerado hacia el despacho, cogiste la pluma que te habían regalado al empezar la carrera."Mine eyes are dim, I cannot clearly see, Mine eyes are dim, I cannot clearly see", escribiste."Mine eyes are dim, I cannot clearly see, Mine eyes are dim, I cannot clearly see" volviste a escribir.

El sonido de la ciudad era un ronrroneo solamente interrumpido por el ruido de los coches de policía y ambulancias, era una melodía que te penetraba en la cabeza a la vez que repetías "Mine eyes are dim, I cannot clearly see, Mine eyes are dim, I cannot clearly see". El calor empezaba a ser más sofocante, volviste a dar un sorbo de la lata, quizá el sorbo fue demasiado brusco porque llegaste a mancharte la camiseta, ¿brusco? Brusco es el anochecer que te arrebata la luz, la esperanza que a la vez te sumerge en el mundo de los sueños y los misterios. Se corrio la tinta en el papel.

Decidiste acostarte, "Mine eyes are dim, I cannot clearly see, Mine eyes are dim, I cannot clearly see" repetías, "Mine eyes are dim, I cannot clearly see, Mine eyes are dim, I cannot clearly see".Repetiste.

Hacía un calor bochornoso y el cuaderno seguia en blanco.

(texto encontrado en el baúl)

La muerte de Otro


Otro viene al oído
como un rumor del cielo

el cielo se inmiscuye con Otro
y Otro espera que los demás
imiten afables el gesto del cielo

Otro, como todos, nace de tierra amplia,
el espeso mar del feto, mas
Otro nació en terreno de ceniza,
terreno de pólvora y de máscara asesina.

Otro vive escoltado por
las balas diplomáticas, que
entienden un mundo: un podio;
y la muerte llega antes al tercero
y el primero se anonada entre sonrisas de odio
y el segundo, un escritor,
se acuerda de Otro cuando Otro ya es un lloro
o un chorro de sangre ya seca...

y cuando su mirada se ha perdido
la muerte reincorpora aquel vestigio
del que aquí sólo se oye sepultura, sucia oración y silencio
porque la vida, la del señor Occidente,
despierta feroz los egoísmos
y ellos, laboriosos en alimentarse,

ciegan la antinatural muerte de Otro
aunque Otro
sea cuarenta muertes ideadas al minuto
y aunque ahora otro Otro no entienda, como tampoco yo,
que allí su tiempo es sangre
mientras aquí el nuestro es oro...